Un agua floral, también llamada hidrolato, es el agua aromática que se obtiene durante la destilación de una planta para extraer sus aceites esenciales.

Es decir: cuando destilás lavanda, rosas, manzanilla, romero, etc., salen dos productos:

El aceite esencial (la parte oleosa y concentrada y el agua floral, que es el agua cargada con las moléculas aromáticas e información sutil de la planta.

Desde una mirada más alquímica o antroposófica, podríamos decir que el hidrolato expresa la parte más “acuosa–etérea” de la planta: algo más suave, expansivo y delicado que el aceite esencial.

¿Qué contiene?

Aunque parece simplemente agua, contiene:

Microcantidades de aceite esencial, componentes hidrosolubles de la planta, principios aromáticos muy finos y la “firma” vibracional de la planta.

Podés usar aguas florales para:

Spray facial, tónicos para la piel, compresas, baños, almohadas y ropa, preparados cosméticos, acompañamiento emocional, uso energético o ritual.

Algunas variedades:

Lavanda → calma, descanso, armonización.

Rosa → corazón, suavidad emocional, hidratación.

Manzanilla → calma digestiva y cutánea.

Romero → estimulación, claridad, circulación.

Milenrama → protección, organización de límites, piel.